Texto: Juan Carlos Antón
A continuación, os muestro la reproducción total de mi columna en la revista taurina LA TALANQUERA en su edición del mes de julio:
Fue en el día de San Isidro, patrón de Madrid, el santo de los trescientos milagros, cuando una multitud de jóvenes, a quien se ha dado en denominar como indignados, comenzó en Madrid, con reivindicaciones no muy claras y defectos de forma en su expresión, una de las mayores revueltas sociales de la última década en nuestro país. Lo hacían, abanderando las ansias de renovación de un sistema que consideraban obsoleto y putrefacto.
En el mundo de los toros también existe el colectivo de los indignados. Se trata de aquellos aficionados que consideran que nuestro sistema, el taurino, está también putrefacto. Denuncian, como voz que clama en el desierto, la ausencia –cada vez más notable- de un toro íntegro que ofrezca garantías para que aparezcan sobre la arena de muchas plazas esos ingredientes de los que se nutre nuestra Fiesta: emoción, pasión, verdad, intensidad, pureza…
Esos pequeños grupúsculos de aficionados exigentes hasta límites insospechados, son, en cierto punto, la reserva espiritual de un arte que camina, cada vez a mayor velocidad, por los senderos de la comercialización y las normas del sistema empresarial, dejando atrás los factores o características propias que, desde sus inicios, le caracterizó.
La intransigencia de ciertos sectores de la afición no es manera. La protesta reiterada de forma interminable y los malos modos en que esta se lleva a cabo –llegando a faltar el respeto a los intervinientes en la lidia-, hacen que las reivindicaciones, que en un principio serían perfectamente válidas, pierdan toda su fuerza y razón de ser.
No obstante, ni los espadas, ni los empresarios, ni mucho menos los medios de comunicación, debemos caer en el error de “demonizar” la figura de un aficionado que, al fin y al cabo, es el pilar fundamental sobre el que se sostiene esta pasión artística a la que llamamos tauromaquia. Muy al contrario. Urge comenzar a poner nuestro micrófono, nuestra pluma, nuestras cámaras, nuestras páginas y blogs al servicio de la voz de los más débiles que en el caso de los toros son, por desgracia, los aficionados.
Y es que, desafortunadamente, el tiempo hace que se convierta en ley de conducta aquella frase que una vez enunció el Gobernador Civil de una de las provincias con más tradición taurina: “Lo importante en los toros son los empresarios y los toreros”.
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